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miércoles, 12 de febrero de 2020

La verdadera razón por la que te crees con el derecho a cambiar a tu pareja... y que no habías pensado

@ImpactoInformativo54.com FREDERICH RAMOS



Se supone que cuando una pareja comienza su relación es porque sienten atracción el uno por el otro. Su personalidad, su sonrisa, su humor, su seriedad, sus aficiones... son factores que atraen. Sin embargo, según los expertos, no son pocas las parejas que, pasado un tiempo, se empeñan en intentar cambiar al otro miembro para que se comporte o piense bajo las directrices que uno marca.
¿Por qué ocurre esto? Según Marita Osés, autora de «¿De qué va el amor? Desmontando los mitos de la pareja», la razón de
este intento de cambiar al otro está en que «no hemos entendido qué es el amor».
Explica que, en general, no lo hemos entendido porque en su día no lo vivimos en carne propia, en la familia de origen, que es donde cada uno construye su idea de amor. «Mamá y papá, como nos querían, se sentían con derecho a modelarnos según sus criterios porque ellos sabían lo que era mejor para nosotros, muchas veces ignorando nuestro ser profundo, no respetando nuestros gustos, deseos o necesidades. Pues eso es lo que hacemos con la pareja, porque fue eso lo que entendimos por amor: quien nos quiere tiene ese derecho sobre nosotros».

Ver lo que no queríamos ver

Merita Osés matiza que cuando nos enamoramos entramos en un estado en el que añadimos mentalmente aquello que deseamos ver, proyectamos una imagen en el ser amado. Considera que es una ficción que nos hace estar en un estado tan agradable que la mantenemos pero, cuando cae el velo del enamoramiento, nos parece que nos han cambiado a esa persona. «¡No nos la han cambiado, empezamos a ver lo que no queríamos ver! Esa es la hora de la verdad: querer al otro por lo que es, no por lo que me reporta».


«Ahí empieza la aventura —puntualiza—. Ahí tenemos la oportunidad de empezar a respetar al otro tal como es, sin interferir. Y de ver, qué es lo que hay en mí que hace que me cueste aceptar ciertos aspectos suyos. Para eso, es mejor que hayamos empezado a respetarnos a nosotros mismos, tal vez como nunca hicieron nuestros padres (aunque fuera con la mejor de las intenciones). Cuando me acepto totalmente sin juzgarme (y todos tenemos cosas que no nos gustan) es mucho más fácil aceptar al otro sin juzgarlo, comprendiendo que también esta persona tiene una historia que la explica», concluye Osés. Fuente Abc.es
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